Igual no se dejen engañar... que todo no termina acá! En estos días se viene la versión uncut y extended de la nota... más chavacana e incorrecta, así como hay que ser!
Thursday, May 16, 2013
Reseña de "The Great Gatsby" para Revista Toma 5
Tenía ganas de escribir, tenía ganas de criticar y que mejor que hacerlo con la nueva de Baz y DiCaprio... a propósito del estreno de "The Great Gatsby", la nueva reseña escrita pour moi... les dejo a continuación el link a la nota publicada en Revista Toma 5!
Thursday, May 9, 2013
Cinema runs thicker than water!
Señoras y señores, una clara narración de cómo mi hermana y yo devinimos en cinéfilas totales. Creo que no hay mejores palabras para describirlo... enjoy!
A veces me pregunto si el cine
es para mí una pasión adquirida o heredada, y generalmente llego a la
conclusión de que es una mezcla de ambas.
Desde que tengo memoria, mi mamá trabajaba en editoras de video. Primero fue Acuario, y después American. Nos traía a casa VHS con las pelis para chicos distribuídas por esas firmas, y todos mis ratos libres estaban llenos de largometrajes animados.
En la misma época, me veía junto con mi hermana todas las películas que enganchábamos en la tele los fines de semana, y algunas fueron quedando grabadas en mi retina para siempre: El Jardín Secreto, Oliver Twitst, Mary Poppins, A Christmas Carol…
Cuando tenía 4 años me llevaron por primera vez al cine, a ver Pie Pequeño y el Valle Encantado. Desde ese momento me enamoré, y supe que volvería siempre que pudiera a esa sala oscura, llena de colores brillantes y emociones.
Le siguieron La Sirenita, Todos los Perros van al Cielo, Amigos Inseparables, Beethoven, La Bella y la Bestia, y luego todos los clásicos de Disney año tras otro. Más tarde les llegó el turno a las comedias románticas: Sintonía de Amor fue la primera que ví en el cine.
En 1995, mi mamá puso su primer videoclub. Era un sueño hecho realidad para ella, y otro tanto para nosotras, que finde tras finde nos dábamos una panzada de las mejores películas ATP.
En esa época nos daba fiaca leer subtítulos, y años más tarde nos daríamos cuenta de cuántos estrenos nos perdimos de ver por no querer leer. Pero eso no quitó que viéramos incontables películas a medida que salían, y nos volviéramos cada vez más adictas al 7mo arte.
Para 1997, el videoclub ya había cerrado, pero mi vieja seguía laburando en otros videoclubes. Nos quedaron varios VHS originales de herencia, y en esa época comenzábamos a disfrutar también de los beneficios del cable. Por otro lado, se estrenó en cine El Mundo Perdido, y ese fue el comienzo de un nuevo vicio para mí: saber los nombres de los actores.
Fue 1998 el año en que nuestra cinefilia se disparó. Mi hermana y yo pasamos el verano con mi abuelo, fanático del buen cine y del videoclub del barrio. Empezamos a ver pelis más adultas, y a refinar el paladar. Ese verano conocimos a directores de la talla de Woody Allen, Brian De Palma, Kenneth Branagh, Luc Besson, Michael Mann, y muchos otros.
Unos meses después, con cable instalado en casa, vimos por primera vez los MTV Movie Awards (conducido por Samuel L. Jackson). La cultura pop nos invadió por completo y comenzamos a devorar películas y datos de actores y directores. También se sumó el gusto por la música, que contribuyó a que conociera a mi gran amor cinematográfico: Quentin Tarantino.
Ese año también se estrenó Titanic, y empezamos a seguir sin descanso la carrera de Leonardo Di Caprio, y otros tantos. Mis actores favoritos se iban multiplicando con cada película: Bruce Willis, Nicolas Cage, Robin Williams, Jeremy Irons, Al Pacino. También en esa época comencé a engancharme con las series: Friends, Mad about you, X-Files, entre otras.
Me acuerdo exactamente el momento en que decidí que iba a ser cinéfila, como un instante de epifanía en el que se descubre la vocación: era 1999 y mi mamá estaba hablando en la sobremesa de Forrest Gump, contando sobre una flaca que defenestraba la película porque no la había entendido. Dije “quiero saber tanto de cine como mi mamá”.
Y ahí empezaron los juegos cinéfilos. En mi casa los juegos de mesa eran moneda corriente en las horas libres, en esa época no era común tener internet, y ni siquiera le dábamos mucha bolilla a la compu. La tele era una historia distinta, porque pasaban pelis, y series. Pero los juegos de mesa eran nuestro gran hobbie, y se volvieron todos temáticos: tutti frutti con categorías de actores, actrices, películas y directores. Juegos en los que teníamos que acordarnos de la mayor cantidad de pelis que había hecho determinado actor, o la mayor cantidad de apellidos de actores con X letra. El juego de Kevin Bacon, adivinar el personaje, y otros que inventábamos. Cada vez que un juego se empezaba a volver fácil, le añadíamos niveles de complejidad y así terminamos inventando bocha de juegos nuevos, algunos rebuscadísimos.
La revista del cable era esperada y adorada. A principio de mes se marcaban todas las pelis que íbamos a ver. Hubo una época en que mi mamá empezó a hacer una carpeta de base de datos, cada actor con sus películas, cada película con su género, año y director, cada categoría catalogada de manera impecable. Una especie de imdb analógico, que en esa época todavía no era conocido (si es que ya existía). Si hubiera patentado la idea, se volvía millonaria.
Hoy en día tengo mi propio negocio de venta de merchandising de cine y series. Desde hace años supe que quería dedicarme a esto, y a organizar eventos. Y como no podía ser de otra forma, mi evento preferido es temático: cine y series. Y como tampoco podía ser de otra forma, es un proyecto familiar.
Tres meses antes de nuestro primer evento de Cine y Series, mi mamá falleció. Y el evento estuvo dedicado a su memoria, ya que sin ella nada de eso hubiera sido posible. Aunque no pudo presenciar físicamente la realización de PopCon, estuvo involucrada desde su concepción, nos alentó a llevarlo a cabo durante años, y sé que el día del evento estuvo presente en más de una forma. Se sintió.
Gracias a PopCon, conocimos a mucha gente en la misma movida. Y gracias a eso, hoy en día también vendemos pelis y series en el local. Y escribimos en una página y en una revista de cine.
Cuando me piden alguna recomendación, cuando me preguntan por una peli difícil de conseguir y puedo conseguirla, cada vez que vendo un dvd o bluray a alguien que sé que lo va a disfrutar tanto como yo, me emociono muchísimo. Y reafirmo que esta es una pasión adquirida y heredada.
Desde que tengo memoria, mi mamá trabajaba en editoras de video. Primero fue Acuario, y después American. Nos traía a casa VHS con las pelis para chicos distribuídas por esas firmas, y todos mis ratos libres estaban llenos de largometrajes animados.
En la misma época, me veía junto con mi hermana todas las películas que enganchábamos en la tele los fines de semana, y algunas fueron quedando grabadas en mi retina para siempre: El Jardín Secreto, Oliver Twitst, Mary Poppins, A Christmas Carol…
Cuando tenía 4 años me llevaron por primera vez al cine, a ver Pie Pequeño y el Valle Encantado. Desde ese momento me enamoré, y supe que volvería siempre que pudiera a esa sala oscura, llena de colores brillantes y emociones.
Le siguieron La Sirenita, Todos los Perros van al Cielo, Amigos Inseparables, Beethoven, La Bella y la Bestia, y luego todos los clásicos de Disney año tras otro. Más tarde les llegó el turno a las comedias románticas: Sintonía de Amor fue la primera que ví en el cine.
En 1995, mi mamá puso su primer videoclub. Era un sueño hecho realidad para ella, y otro tanto para nosotras, que finde tras finde nos dábamos una panzada de las mejores películas ATP.
En esa época nos daba fiaca leer subtítulos, y años más tarde nos daríamos cuenta de cuántos estrenos nos perdimos de ver por no querer leer. Pero eso no quitó que viéramos incontables películas a medida que salían, y nos volviéramos cada vez más adictas al 7mo arte.
Para 1997, el videoclub ya había cerrado, pero mi vieja seguía laburando en otros videoclubes. Nos quedaron varios VHS originales de herencia, y en esa época comenzábamos a disfrutar también de los beneficios del cable. Por otro lado, se estrenó en cine El Mundo Perdido, y ese fue el comienzo de un nuevo vicio para mí: saber los nombres de los actores.
Fue 1998 el año en que nuestra cinefilia se disparó. Mi hermana y yo pasamos el verano con mi abuelo, fanático del buen cine y del videoclub del barrio. Empezamos a ver pelis más adultas, y a refinar el paladar. Ese verano conocimos a directores de la talla de Woody Allen, Brian De Palma, Kenneth Branagh, Luc Besson, Michael Mann, y muchos otros.
Unos meses después, con cable instalado en casa, vimos por primera vez los MTV Movie Awards (conducido por Samuel L. Jackson). La cultura pop nos invadió por completo y comenzamos a devorar películas y datos de actores y directores. También se sumó el gusto por la música, que contribuyó a que conociera a mi gran amor cinematográfico: Quentin Tarantino.
Ese año también se estrenó Titanic, y empezamos a seguir sin descanso la carrera de Leonardo Di Caprio, y otros tantos. Mis actores favoritos se iban multiplicando con cada película: Bruce Willis, Nicolas Cage, Robin Williams, Jeremy Irons, Al Pacino. También en esa época comencé a engancharme con las series: Friends, Mad about you, X-Files, entre otras.
Me acuerdo exactamente el momento en que decidí que iba a ser cinéfila, como un instante de epifanía en el que se descubre la vocación: era 1999 y mi mamá estaba hablando en la sobremesa de Forrest Gump, contando sobre una flaca que defenestraba la película porque no la había entendido. Dije “quiero saber tanto de cine como mi mamá”.
Y ahí empezaron los juegos cinéfilos. En mi casa los juegos de mesa eran moneda corriente en las horas libres, en esa época no era común tener internet, y ni siquiera le dábamos mucha bolilla a la compu. La tele era una historia distinta, porque pasaban pelis, y series. Pero los juegos de mesa eran nuestro gran hobbie, y se volvieron todos temáticos: tutti frutti con categorías de actores, actrices, películas y directores. Juegos en los que teníamos que acordarnos de la mayor cantidad de pelis que había hecho determinado actor, o la mayor cantidad de apellidos de actores con X letra. El juego de Kevin Bacon, adivinar el personaje, y otros que inventábamos. Cada vez que un juego se empezaba a volver fácil, le añadíamos niveles de complejidad y así terminamos inventando bocha de juegos nuevos, algunos rebuscadísimos.
La revista del cable era esperada y adorada. A principio de mes se marcaban todas las pelis que íbamos a ver. Hubo una época en que mi mamá empezó a hacer una carpeta de base de datos, cada actor con sus películas, cada película con su género, año y director, cada categoría catalogada de manera impecable. Una especie de imdb analógico, que en esa época todavía no era conocido (si es que ya existía). Si hubiera patentado la idea, se volvía millonaria.
Hoy en día tengo mi propio negocio de venta de merchandising de cine y series. Desde hace años supe que quería dedicarme a esto, y a organizar eventos. Y como no podía ser de otra forma, mi evento preferido es temático: cine y series. Y como tampoco podía ser de otra forma, es un proyecto familiar.
Tres meses antes de nuestro primer evento de Cine y Series, mi mamá falleció. Y el evento estuvo dedicado a su memoria, ya que sin ella nada de eso hubiera sido posible. Aunque no pudo presenciar físicamente la realización de PopCon, estuvo involucrada desde su concepción, nos alentó a llevarlo a cabo durante años, y sé que el día del evento estuvo presente en más de una forma. Se sintió.
Gracias a PopCon, conocimos a mucha gente en la misma movida. Y gracias a eso, hoy en día también vendemos pelis y series en el local. Y escribimos en una página y en una revista de cine.
Cuando me piden alguna recomendación, cuando me preguntan por una peli difícil de conseguir y puedo conseguirla, cada vez que vendo un dvd o bluray a alguien que sé que lo va a disfrutar tanto como yo, me emociono muchísimo. Y reafirmo que esta es una pasión adquirida y heredada.
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